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Memoria Devuelta

El convulso siglo XIX latinoamericano ha dejado huellas indelebles en la forma de comprender nuestro presente, delineando muchas veces comportamientos y gestos políticos en una constante contradicción por pensar nuestra hermandad y a la vez nuestras diferencias.

La guerra que asoló nuestros territorios entre 1879 y 1883, tuvo su punto más álgido en enero de 1881. Lima fue ocupada por el Ejército chileno, la Biblioteca Nacional sufrió el saqueo y traslado de sus fondos bibliográficos, muchos encajonados y enviados a Chile y otros vendidos en los bodegones de Lima. Arruinado económicamente por la guerra y la pérdida del salitre, el Perú sumaba a su desgracia la pérdida de su acervo documental.

Ricardo Palma cuenta en sus memorias de director que de los 56 127 volúmenes que tenía la biblioteca, al asumir él la dirección solo encontró 837. Inmediatamente inició una campaña para la recuperación de esa memoria perdida. Así, solo en Lima recobró 14 158 libros; luego, el presidente chileno Santa María, amigo suyo, hizo la entrega de 624 tomos. El número de ejemplares no hallados, sin embargo, constituía una herida abierta, una laguna en nuestra memoria histórica.

Fue hacia el año 2007, que la presidenta chilena Michelle Bachelet encargó a Nivia Palma, directora de Bibliotecas, Archivos y Museos de Chile, identificar libros peruanos, los cuales fueron entregados a la Biblioteca Nacional del Perú ese mismo año. Estas obras llevan como distintivos el primer sello de nuestra biblioteca, aprobado en 1836 por el mariscal Luis José de Orbegoso, por lo general visible en la portada y en las páginas 40 u 80 de los ejemplares, y la marca de fuego en el canto superior de los textos, ambas marcas con el lema “Biblioteca Pública de Lima”.

Es así como se crea el fondo de Libros devueltos por Chile, custodiado en la bóveda de la institución, el que contiene joyas bibliográficas que adornan sus estantes, resaltando obras como los 55 volúmenes originales de la biblioteca donada por el Libertador José de San Martín a nuestra institución tras su creación en 1821; la Chronica de Aragón, incunable europeo de Duaberto Vegado datada para 1499; la Biblia Políglota Complutense, obra impresa en 4 idiomas bajo los auspicios del Cardenal Francisco Jiménez de Cisneros entre 1514 y 1517 cuyas páginas pocas bibliotecas se precian de tenerlas en la actualidad. Figuran, además, obras en latín y muchas de las principales contribuciones de la Ilustración en francés.

En este fondo destacan también joyas de la época dorada de la impresión española como La conjuracion de Catilina y La guerra de Jugurta (Madrid, 1772) de Cayo Salustio, o la Flora española (Madrid, 1762-84) de Joseph Quer, consideradas entre las mejores producciones de Joaquín Ibarra, el impresor más sobresaliente del siglo XVIII español. Especial mención merece el Drama de los palanganas veterano y bisoño (Lima, 1776) impreso vejatorio contra el régimen del virrey Amat y Juniet, ejemplar que sirvió de fuente al tradicionista Ricardo Palma para redactar sus tradiciones sobre Miquita Villegas, la Perricholi, como muestran las anotaciones y subrayados dejados por él antes de 1881.

Finalmente, destaca parte de la sección original de “Papeles Varios”, heredera de la antigua librería jesuita del Colegio Mayor de San Pablo. Eran estas, colecciones de impresos, por lo general folletería y hojas sueltas encuadernadas juntas respetando los criterios de orden, practicidad, tamaño, orden cronológico y orden temático, que permitían la mejor conservación de sus colecciones. Así, en el fondo tanto folletería virreinal, como republicana. En muchos casos se tienen impresos de gran rareza o únicos dentro de la institución y que hoy vuelven al servicio del público lector e investigador.

El 23 de noviembre del 2017 se suscribió el Acta de compromiso de Devolución de libros, mediante la cual la Biblioteca Nacional de Chile restituirá a la Biblioteca Nacional del Perú 720 volúmenes, entre los que destacan parte de la primigenia sección de “Papeles Varios”, fondo que fue heredado de la antigua biblioteca jesuita del Colegio Mayor de San Pablo, con la que se instauró nuestra Biblioteca. Dentro de los libros podemos apreciar obras excepcionales de la bibliografía, como incunables, primeros impresos americanos, biblias del siglo XVII que formaron parte de una de las mayores colecciones que enaltecieron la Biblioteca Nacional como bien diría el tradicionalista Ricardo Palma.

En el transcurrir este siglo, peruanos y chilenos hemos intentado aliviar las tensiones. La restitución de nuestra memoria es parte importante de ese proceso de construcción de una memoria global que nos vincule como sociedad en aras de un futuro común. La guerra, como hoy la paz, y la relación entre ambos, ha llevado a que Perú y Chile instituyen el I Gabinete Binacional, que permitirá estrechar nuestras relaciones bilaterales; y actos como estos son los que garantizan la hermandad de nuestras naciones.